La menopausia no es el final de nada, es una transición natural. Y no viene de un día para otro sino que es un proceso en el que vamos viendo algunas señales. Vamos a ver bien los síntomas de la menopausia y las etapas de este cambio.
Las 3 etapas de la transición
Realmente la menopausia solo dura un día en la vida, aunque coloquialmente usemos el término para unificar todo el proceso de transición. Pero este se divide realmente en 3 etapas.
1. Perimenopausia: El inicio del cambio
En esta fase, tu reserva ovárica ya es baja y los niveles de estrógenos y progesterona empiezan a fluctuar. Hay meses que pueden estar muy altos, y no tengas ningún síntoma, y otros en los que bajen, y te encuentres peor.
La perimenopausia suele empezar a los 40-45 años pero varía mucho de una mujer a otra. Puede darse incluso antes de los 40, mientras que hay mujeres que empiezan a los 50.
En cuanto a la duración, la media suele ser de 4 años, pero nuevamente varía de un caso a otro. Muchas mujeres están 10 años con estos cambios.
Más adelante entraremos en profundidad en los síntomas de la menopausia pero sí que es importante explicar qué marca el principio de cada una de las fases. En el caso de la perimenopausia, aparte de por esos cambios hormonales, que pueden verse reflejados en las analíticas, también los ciclos menstruales empiezan a ser irregulares. Puedes pasarte varios meses sin la regla, luego vuelve y es constante, luego se vuelve a ir.
La etapa de la perimenopausia sin duda es una etapa en el que nuestro cuerpo es más “impredecible”.
2. Menopausia: El punto de inflexión
Se confirma oficialmente cuando han transcurrido 12 meses consecutivos sin periodo menstrual. En este punto, los ovarios han dejado de liberar óvulos y la producción de estrógenos cae significativamente.
La menopausia dura un día y es el día en el que han pasado 12 meses consecutivos desde tu última regla. Cuando se cumplen ese año sin regla, significa que los ovarios han dejado de liberar óvulos y la producción de estrógenos, ahora sí, cae mucho y no vuelve a subir.
3. Postmenopausia: La nueva normalidad
Esta es la siguiente y última etapa, que se alarga hasta el final de la vida. La postmenopausia es una etapa de más calma, con menos síntomas porque el cuerpo ya se ha adaptado a la nueva realidad hormonal, pero con varios puntos a tener en cuenta para cuidar nuestra salud.
Como los ovarios ya no fabrican estrógenos, tu cuerpo consigue pequeñas cantidades de estrógeno de las glándulas suprarrenales y el tejido graso. Este estrógeno, llamado estrona, es más débil, pero ayuda a mantener las funciones básicas.
Los síntomas de la menopausia
Igual que lo hemos explicado anteriormente con la duración de cada etapa, tenemos que decir lo mismo de los síntomas de la menopausia; cada caso es diferente. Hay mujeres que no tienen ningún síntoma o casi ninguno, y otras que tienen un proceso muy complicado con síntomas intensos.
Los síntomas suelen venir de forma gradual. Cuando leas este listado de síntomas de la menopausia, no te asustes, porque no vienen todos y de golpe. Cada mujer tiene unos síntomas de la menopausia y se van dando paulatinamente. Y la ciencia ha avanzado mucho, por lo que podemos tratarlos.
Sofocos y sudores nocturnos
Nuestro cerebro tiene una pequeña región que actúa como el termostato del cuerpo; el hipotálamo. Su función es mantener tu temperatura entre los 36.5º y los 37.5º.
El estrógeno ayuda al hipotálamo a trabajar correctamente. Al cambiar los niveles de estrógenos el hipotálamo se vuelve más sensible. A veces cree, de forma equivocada, que el cuerpo está demasiado caliente y activa de golpe todos los mecanismos de emergencia para enfriarte; envía una orden a los vasos sanguíneos cercanos a la piel para que se dilaten, provocando los sofocos, y ordena a las glándulas sudoríparas que trabajen a tope para enfriar la piel mediante la evaporación, provocando los sudores.
Es habitual de hecho que después de sufrir sofocos sientas frío o temblores. Esto se debe a que el cuerpo ha trabajado mucho para enfriar una temperatura que en realidad era normal, que acaba bajando tu temperatura por debajo de lo que debería.
Por la noche estos síntomas de la menopausia pueden notarse más. En primer lugar, porque nuestra temperatura corporal ya de por sí baja de forma natural para ayudarnos a entrar en el sueño profundo. A veces el hipotálamo identifica este descenso de temperatura como una señal de alarma. Por otro lado, porque las fluctuaciones hormonales pueden provocar picos de cortisol durante la noche. El cortisol es la hormona del estrés y este es otro factor que provoca una reacción del hipotálamo.
Alteraciones del sueño y fatiga
"Estoy agotada, pero no puedo dormir". Esta paradoja es otro de los síntomas de la menopausia más habituales.
La progesterona, igual que algunos fármacos relajantes, actúa sobre los receptores GABA del cerebro. Sin progesterona, el cerebro pierde su “sedante natural” así que, aunque te vayas a dormir, tu sistema nervioso sigue en alerta.
A esto se suma los sofocos que hablábamos antes. Y es que, cuando te despiertas sudando, no es ese sudor lo que te ha despertado, sino la adrenalina que genera el cerebro para provocarlo. Este pico de adrenalina te saca del sueño profundo y como el cerebro está en alerta, las pulsaciones suben y volver a conciliar el sueño se convierte en misión imposible.
Esta falta de sueño provoca una fatiga crónica que se ve potenciada por la fatiga mitocondrial. Y es que, los estrógenos ayudan a las mitocondrias de tus células, que son las que generan energía, a funcionar bien. Con la bajada de los estrógenos, a las células les cuesta más producir energía a partir de la glucosa y tú sientes que te pesan los músculos y que te quedas sin energía mucho antes de que termine el día, incluso aunque hayas dormido bien.
Cambios en el estado de ánimo
Los estrógenos y la progesterona tienen una función importante en los neurotransmisores, que son los que comunican tus neuronas y regulan cómo te sientes.
Por un lado, el estrógeno ayuda a producir y mantener la serotonina en el cerebro. Cuando los niveles de estrógeno caen, los de serotonina también, lo que te hace más vulnerable al estrés diario y por tanto a la tristeza, la melancolía y la irritabilidad.
Por otro lado, y como hemos hablado antes, la progesterona relaja tu sistema, es un ansiolítico natural. Al bajar los niveles de esta hormona, tu sistema nervioso está en hipervigilancia y esto se puede traducir en palpitaciones, ataques de ansiedad, o sensación de “urgencia” de hacer cosas sin una razón aparente.
Y por último, estos síntomas de la menopausia también vienen provocados por la relación entre los estrógenos y la amígdala. Los estrógenos ayudan a la parte racional de tu cerebro, la corteza prefrontal, a mantener a raya a tu amígdala, que es la encargada de sobrevivir, de identificar amenazas y lanzar impulsos de lucha o huída. Como con la menopausia bajan los estrógenos, puedes notar respuestas emocionales desproporcionadas. Cosas que antes te molestaban un poco, ahora te provocan una explosión de ira o unas ganas de llorar brutales.
Aumento de peso
Otro de los síntomas de la menopausia habituales es la mayor facilidad para ganar peso, especialmente en la zona abdominal. Esto no es una cuestión solo de nuestra nutrición, sino que es una suma de factores entre los que están:
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La resistencia a la insulina: Sin estrógenos, las células se vuelven menos eficientes al procesar la glucosa (azúcar). El cuerpo, en lugar de usar esa glucosa como energía rápida, tiende a almacenarla en forma de grasa.
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Redistribución de la grasa: Antes de la menopausia la grasa pasa de ser subcutánea, y concentrarse en las caderas y muslos, a ser grasa visceral, que es la que rodea los órganos, concentrándose en la zona del abdomen. Este cambio no tiene un impacto solo a nivel estético sino que aumenta el riesgo cardiovascular.
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Pérdida de masa muscular: La bajada hormonal acelera la tendencia a perder músculo. Como el músculo es el tejido que más calorías quema en reposo, al tener menos músculo, nuestro metabolismo se ralentiza. Quemamos menos calorías.
Salud ósea
Tus huesos están vivos; constantemente se destruye hueso viejo y se crea hueso nuevo. Los estrógenos son los que frenan a las células que destruyen el hueso (osteoclastos). Al disminuir los niveles de estrógenos, las células destruyen hueso no tienen tanto freno y trabajan más rápido que las que lo crean. Esto provoca que, en los primeros 5-7 años de la menopausia, las mujeres puedan llegar a perder hasta un 20% de su densidad ósea.
Este síntoma de la menopausia es peligroso porque no duele. Muchas mujeres no son conscientes de este cambio hasta que se produce una fractura.
Niebla mental
La niebla mental es uno de los síntomas de la menopausia que más asusta a muchas mujeres porque piensan que “están perdiendo la cabeza”. Pero nada más lejos de la realidad. Esta confusión mental se debe a que tu cerebro se está adaptando a una nueva realidad con el descenso de estrógenos y progesterona, lo que le genera estrés. Además es uno de los órganos que más energía consume y, como hemos visto antes, a nuestras células les cuesta más generar energía con la bajada de estrógenos. Así que tu cerebro está funcionando con “baja energía”.
Si a esto le sumamos la falta de sueño, y los picos de cortisol, que dificultan la formación de nuevos recuerdos, nos encontramos con una sensación de confusión. Nos cuesta más recordar las cosas, concentrarnos y nos despistamos fácilmente.
La niebla mental suele ir disminuyendo conforme tu cerebro se va adaptando a su nueva realidad.
Sequedad en las mucosas
La sequedad vaginal es uno de los síntomas de la menopausia de los que más oímos hablar pero es importante recalcar que esta sequedad no se da solo en la vagina. Si sientes sequedad en otras zonas, como los ojos, seguramente también sea por la menopausia, porque la bajada de estrógenos puede provocar sequedad en todas las mucosas.
Y es que el estrógeno tiene tres funciones muy importantes en las mucosas. En primer lugar, las vasculariza, manteniendo un buen flujo de sangre hacia estos tejidos. A menor flujo sanguíneo, menos oxígeno y nutrientes. En segundo lugar, ayuda a retener la humedad, estimulando la producción de ácido hialurónico y colágeno. Y, en tercer lugar, ayuda a que las células de la mucosa se regeneren más rápido. Sin los estrógenos, el tejido se vuelve más fino y frágil y menos flexible.
Pérdida de firmeza en la piel
El estrógeno es el combustible de los fibroblastos, las células encargadas de fabricar colágeno y elastina. El colágeno da resistencia, firmeza y elasticidad a tu piel y la elastina permite que se estire y que vuelva luego a su forma habitual. Por ejemplo, cuando sonríes, que salen algunas arrugas, pero al dejar de sonreír estas desaparecen.
En los primeros 5 años de la menopausia se calcula que la piel pierde alrededor del 30% de su colágeno, lo que hace que esta sea más fina, pierda elasticidad y aparezca la flacidez.
También puedes notar tu piel más seca porque, como ocurre con las mucosas, al bajar el ácido hialurónico natural, tu piel ya no retiene el agua igual que antes. A algunas mujeres esta sequedad les produce picores.
Los cambios en el pelo (y el vello corporal)
Con la bajada de los estrógenos las hormonas masculinas, como la testosterona, cobran protagonismo. Es lo que se llama dominancia androgénica. Esto provoca que el folículo piloso de tu cabello se vuelva más pequeño, por lo que el pelo es más fino y débil (lo que se llama miniaturización). Además, su ciclo de vida se vuelve más corto y puede tener estar más encrespado y quebradizo, porque tu cuero cabelludo produce menos aceite.
Esta dominancia de las hormonas masculinas también puede hacer que tengas vello más grueso en zonas como la barbilla o el labio superior.
Con los síntomas de la menopausia no tienes que resignarte
El climaterio es una de las etapas más largas de nuestras vidas, sino la que más. Aunque algunos de los síntomas de la menopausia disminuyen con el paso de los años, no siempre es así. E, independientemente de eso, no tenemos que “aguantarnos” y pasar el mal trago con resignación. La ciencia ha avanzado y ahora estos síntomas se pueden controlar.
Para tratar los síntomas de la menopausia tienes, por un lado, los tratamientos hormonales. Estos se han demostrado muy efectivos pero tienen que ir acompañados de un seguimiento médico.
Sin embargo hay mujeres que no pueden (y otras que no quieren) optar por tratamientos hormonales. Y algunas que, aún con tratamiento hormonal, necesitan una ayuda extra para acabar de regular los síntomas de la menopausia. Para todas ellas creamos Domma. Nuestros nutracéuticos son libres de hormonas, veganos y naturales y cada uno de ellos viene avalado por un estudio clínico específico que verifica su efectividad.
Y es que la menopausia no se aguanta; se domina.

